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CUENTO CORTO/ CARLOS A. LOPRETE

DE CÓMO EL ZORRO LLEGÓ A REY

DE CÓMO EL ZORRO LLEGÓ A REY

     Sería superfluo repetirlo porque hasta la persona menos anoticiada sabe o ha oído decir que el zorro es un animal astuto, sagaz, pícaro, capaz de simular hasta su muerte para engañar al ser humano y a cualquier otra bestia que se le ponga en frente. En la antigüedad su astucia se concentraba en infiltrarse en el gallinero para comerse las aves. Era una astucia gastronómica, diríase, movida por el estómago. El zorro actual, en cambio, ha caído en la tentación de gobernar el reino de los animales y destronar al león.

    Para satisfacer su nueva pretensión , el nuevo Zorro se da cuenta de que no podrá satisfacerla sin poner en juego alguna de sus tretas. Finge entonces reconciliarse con el León y le ofrece un trato, dejarlo entrar en su guarida oculta y negociar el reinado. El León acepta el trato y va a la guarida, donde el Zorro lo apresa y le pide que firme su abdicación. El rey de la selva, le dice entonces:

    - Ah, como te conozco desde hace tiempo, yo he tomado mis precauciones. Antes de venir he raptado a tu hijo y no te lo devolveré hasta que me sueltes. El Zorro le contesta:

   - Y yo también. Tengo preso a tus tres hermanos embajadores, y te propongo un intercambio de rehenes.  

     El intercambio se cumplió aunque el Zorro tenía guardadas otras tropelías. Hace correr la voz de que está enfermo de gravedad y el León envía entonces a un consejero suyo para desearle una pronta recuperación -mejor dicho para espiar a su contendor político.- Pero antes de llegar a destino, el delegado es engullido por el  aspirante al reinado escondido detrás de un árbol. El León descubre el crimen por los restos de huesos en el lugar y prepara su venganza. Proclama que unos monjes fronterizos han decidido abandonar su convento por deficiencias en la construcción. El Zorro se entera del mensaje y sale a inspeccionar el lugar aunque no entra por precaución. Espera la oscuridad de la noche, se arrastra en torno al convento y por una rendija descubre a los religiosos armados de flechas y jabalinas, listos para matar a los intrusos merodeadores. Cava entonces un pozo junto a la empalizada, se hunde en él y da atronadores gritos de dolor. Dos leoncitos sobrinos del rey se acercan atraídos por los  gemidos y mueren flechados por los monjes.

     Un mes más tarde el León envía una carta al Zorro invitándolo a jugar una partida de dados. El Zorro acepta con la condición de ser él quien lleve los dados. Los lleva efectivamente, pero cargados con plomos internos. Se realiza la partida, primero por mil pesos, luego por diez mil y así hasta el último centavo del tesoro del León. Éste sigue jugando y al perder toda su fortuna, apuesta su piel. Pierde, y definitivamente arruinado, se rinde al Zorro.

     - Para que veas que soy generoso, te perdono que me entregues tu piel a cambio del reino. Tú decides.

     - Conforme. De ahora en adelante, eres del rey. Sólo te pido que tengas piedad por mi familia y mis súbditos. Adiós.

     Por supuesto, la cosa no sucedió así porque quien nació zorro es zorro por siempre.  Una vez sentado el Zorro en el trono, las cuentas del reino se fraguaron, los informes de la tesorería se falsearon,  los súbditos de la selva , los animales opositores, el oso, el búho, los ruiseñores y las golondrinas emigraron a otras selvas, y como astucia mayor, el Zorro se hizo llamar en adelante Presidente. Se acabó así el reinado animal y emergió la república animal.       

     Como primera acción en su trono, el Zorro inicia una peregrinación por el país. En el camino se encuentra con un cordero, lo estrangula y come sus carnes dejando la piel en el suelo. Alcanza a pasar poco después un avestruz que come los restos sobrantes entre la piel. El Zorro hace sonar un silbato por distintos lugares y así desorienta al

ave, que cuando menos lo piensa recibe un cascotazo en la testa y muere en el acto.

     A las semanas, el Zorro pasa frente a un cerezo cargado de frutas donde vive un gorrión y le suplica que le arroje algunos frutos. El gorrión le arroja dos docenas de frutas y le pide en compensación un servicio. Sus seis hijos están enfermos y necesitan un remedio. El Zorro, simulando ser médico, se compromete a quitarles el mal de encima y los hace bajar del árbol, pero ni bien los tiene a su alcance, los devora uno por uno.

     - ¿Qué demonios me has hecho maldito? Me prometiste quitar el sufrimiento a mis hijos y los has devorado.

     - ¿Y no he cumplido acaso mi promesa?  En mi estómago han dejado de estar enfermos.

     Entretanto el León no se ha resignado a perder su dominio. Envía un emisario al Zorro, diciéndole que para tranquilidad del pueblo y prevenir la tentación de la promiscuidad, el Zorro debería contraer nupcias, y que en tal caso,  lo apoyaría desde su exilio. El Zorro hace publicar un bando solicitando compañera y elige a una zorra boba. Se cumple la ceremonia nupcial en medio del júbilo pueblerino. El Zorro hace abrir el tesoro, compra armas y pólvora para siete años de conflicto, distribuye dinero entre los cortesanos y retiene para sí el resto de caja, temiendo el regreso inesperado del León. Cuando la Zorra reclama  su parte de la fortuna se entera de que no está realmente casada puesto que el sacerdote no había sido un religioso verdadero sino un villano fingido.   

     El León pone sitio al reino, se producen los combates y el Zorro usurpador es despojado de todo poder.  A la noche siguiente, el Zorro se desliza subrepticiamente  en la carpa del León para degollarlo, pero éste se despierta a tiempo y se miran cara a cara. Dado que ninguno de los desea la muerte en un duelo, entablan un diálogo:

     - Ahora que quedamos dos, ¿por qué tendríamos que combatir? Donde cabe un rey, caben dos.    

     - Lógicamente, hermano, de ahora en adelante somos un reino bicéfalo.

      Esto puede comprobarse en el nuevo escudo del país.  

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