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CUENTO CORTO/ CARLOS A. LOPRETE

EL MINISTERIO PERFECTO

EL MINISTERIO PERFECTO

 

     Cuando lo eligieron presidente del país en elecciones fraudulentas, se vio en la necesidad de constituir su gabinete ministerial. Su pericia política en escoger colaboradores se había vuelto proverbial. Un día convocó a su despacho al ministro de Comunicaciones y Propaganda y le ordenó:

      Presidente:  Ministro, prepáreme un decreto para informar a la opinión pública que el país, según fuentes internacionales, está en vías de ser elegido como el más seguro de toda Sudamérica.

     Ministro: Correcto, señor presidente. Siempre es bueno levantar el ánimo de la población. Sin estímulo espiritual el pueblo ser siente abandonado.

     - No, no lo escriba, lo he pensado mejor: mis enemigos podrían aprovecharlo para burlarse de mí.     .

     - Me parece acertado, señor presidente. Cuanto menos informa un gobierno, menos expuesto está a la reacción de los adversarios.  

     Al día siguiente el presidente llamó a su despacho al ministro de Relaciones Internacionales y le ordenó:

     - Necesito que me redacte un decreto reconociendo que el pueblo judío ha sido víctima de un holocausto donde murieron asesinados millones de víctimas.

     - Muy bien, señor presidente, los judíos son muy poderosos en el mundo, y aplaudirán su declaración.

     Dos horas después el ministro regresó con el texto del borrador ya redactado, pero fue recibido con estas palabras:

     - Rómpalo, he cambiado de opinión. No puedo enemistarme con los árabes. Son gente de convicciones profundas.

     - Bien dicho, señor presidente. Se ofenderán y pueden retirar sus embajadores del país.

      Tres semanas más tarde hizo venir a su escritorio al ministro de Economía y le ordenó:

     - Redácteme un comunicado de prensa  informando al país que este año hemos tenido un superávit comercial de 28.000.000 de dólares.

     - Bien dicho, señor presidente, siempre es conveniente dar la impresión de prosperidad para tranquilizar a la gente.

     No habían transcurrido diez horas desde la orden, cuando convocó al ministro con urgencia.

     - Lo he pensado mejor, ministro. No escriba ese comunicado. La opinión pública puede desmentir esos datos.

     - Bien pensado, señor presidente, es muy riesgoso proporcionar cifras al pueblo. Pueden no creerlas.

    En otra ocasión conversó con el ministro de Desarrollo Social:

    - Pienso disponer un aumento salarial del 20 % para los trabajadores, con retroactividad al 1º de enero.

    - Es muy oportuno ahora, cuando se notan ciertos rumores de malestar.

    - Pero no, no me conviene. No podré cumplir porque no tenemos en caja ese dinero.

    - Me parece muy acertado. Un gobierno no puede estar sometido a la presión de los obreros. Hoy le piden salario, mañana le pedirán un sueldo más extra a fin de año, y después vivienda propia.

     En otra ocasión, llamó al jefe del gabinete, el hombre de su más íntima relación y le comentó:

     - Paquito, estoy preocupado. El Servicio Secreto me ha informado que el pueblo está a punto de revelarse. ¿Qué hago, renuncio o me fugo del país y pido asilo político en el Lejano Oriente?

     - En mi opinión, cualquier alternativa es excelente. Si renuncia, los revolucionarios se darán por satisfechos y no lo perseguirán más. Si se fuga, puede vivir con falsa identidad el resto de sus días.

     - ¿Pero cuál me aconsejas?

     - Las dos, señor presidente.

     Una hora después Paquito se iba del país en helicóptero con rumbo desconocido, reflexionado: ¿se habrá creído ese presidentito que sólo él era vivo?

     En el escritorio del presidente, dos cafeteros comentaban la desaparición del presidente.

     - Se hizo humo el farsante. ¿Para qué le servirá lo que robó? Tendrá que vivir para siempre en una cueva hasta que la barba lo ahogue.

   

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