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CUENTO CORTO/ CARLOS A. LOPRETE

ABURRIDO Y SIN AYUDA

ABURRIDO Y SIN AYUDA

         Una cocina, a la hora de cenar, es una sesión de psicología de grupo, como conviene a una familia moderna. bien organizada. No importa que la conformen cuatro o diez miembros. El padre indaga a sus hijos cómo les ha ido en la escuela, y a su mujer  qué facturas ha recibido, las llamadas telefónicas, el apagón de luz a mediodía y el estado de la perrita embarazada. El mayor de los hijos explica su examen fallido de matemática en la universidad y la antipatía que le tiene el profesor. La madre pregunta a su marido si peligra en su empleo a causa de la crisis mundial y le informa que el vecino del departamento ha sufrido un infarto de corazón, y naturalmente, se queja de que la cuota diaria de dinero no le alcanza ya para comprar los alimentos por causa de la  inflación y deben recortar el presupuesto.             

     - No te preocupes, tesoro, no hay que ser pesimista. Yo no estoy en la lista de  los prescindibles de la empresa y a lo sumo podrán rebajarme el sueldo. Comamos por ahora tranquilos. Dame una copa más de vino. Un día de vida es un día de vida.

     Pero Cachito, silencioso hasta el momento, interrumpe con una intempestiva pregunta:

     - Papi, ¿qué es un gobierno?

     - Y esa pregunta, ¿a qué viene? No me irás decir que el presidente quiere nombrarte ministro. De todos modos, te explicaré. El gobierno es el grupo de personas que mandan en el país. Ellos nos dicen las cosas que tenemos que hacer.

     - Pero a mí no me dicen nada, papi. 

     - Por supuesto, hijo, no se lo dicen a uno por uno. Para eso escriben las leyes que se publican en los diarios.

    - Ah, entonces las leyes no me sirven a mí.

    - Cómo que no te sirven –intervino la madre-. Si no hubiera leyes el país sería un barullo. Las cumplimos y no nos peleamos entre nosotros. Siempre alguien tiene que mandar. Igual que en la escuela. La maestra da las órdenes como si fueran leyes y los alumnos las cumplen.

     Cachito se puso a pensar la explicación de sus padres, pero su rostro revelaba que no había comprendido tanta enseñanza. Miró a sus padres con ojos de pedir permiso para formular su duda y dijo:

     - Pero las leyes ¿no sirven también para pedir cosas? La maestra en clase nos dice que si queremos hacerle alguna pregunta podemos hacerlo con confianza.

     - Claro que sí, hijo. Las leyes nos permiten también hacerle pedidos al gobierno. ¿Por qué preguntas eso? ¿Necesitas algo? En una de ésas puedes pedirlo –aclaró el padre.

     - Si, papi, yo estoy aburrido.

     - Bueno, eso no es grave, todos tenemos momentos de aburrimiento. Después pasan.

     - Pero es que yo estoy aburrido desde hace un mes y no sé cómo desaburrirme. ¿Se dice así?

     - Bueno, no exactamente. El verbo desaburrir no existe en el diccionario. Pero, en concreto, ¿qué quieres pedirle al gobierno?

     - Que me entretenga de alguna manera, porque yo solo no puedo.

     - ¿Pero no te alcanza con jugar a la pelota, ir de visita a los museos y teatros, mirar televisión, correr con la perrita, trotar por la plaza, pintar libros, comer caramelos y tomar gaseosas?    

     - No, papi. Igual me aburro.

     - Si es así, puedes mandar una carta al Ministerio de Bienestar Social. Ellos saben  qué hacer. Tu madre puede ayudarte a redactarla para que no cometas faltas de ortografía.

     Al día siguiente, madre e hijo estaban envueltos en la  fatigosa tarea de redactar una epístola. Después de tres horas y media lograron poner fin a la obra maestra. La depositaron en un buzón de correo y se dispusieron a esperar la respuesta. Pasó una semana, cinco meses pasaron, y  la respuesta no llegó. Entretanto el aburrimiento de Cachito siguió en aumento y culminó con la internación en una casa de reposo.

     La carta había llegado a manos del destinatario, quien se expidió sobre la solicitud: 

  ¡Habráse visto semejante ocurrencia! Yo, el ministro de Bienestar Social, con todo el trabajo que tengo, desaburriendo a un mocoso imberbe. Pasen el pedido al gerente de casos especiales y no me vuelan más con este asunto. De este modo, Cachito quedó “aburrido y sin ayuda.”

 

 

 

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