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CUENTO CORTO/ CARLOS A. LOPRETE

PSIQUIATRÍA TELEFÓNICA

PSIQUIATRÍA TELEFÓNICA

La nueva tecnología comunicativa ha permitido por fin la eliminación de los honorarios de los psiquiatras, tan elevados en todo el mundo que los tornaban inaccesibles a los pobres. Si los pacientes estaban aquejados de estrés o complejos se morían irremisiblemente con ellos en sus almas y después tenían que arreglárselas con San Pedro, que tampoco era psiquiatra. Ahora basta una llamada telefónica de pocos centavos para solventar la injusticia. Un buen ejemplo es el diálogo mantenido entre Maruca y Chiche.

     CHICHE: ¿Maruca? ¡Qué gusto escucharte! Hace tiempo que no te veo y me gustaría saber algo de tu vida. ¿En qué andas ahora?

     MARUCA: ¡Qué alegría escucharte! Justamente en estos momentos en que tengo un problema grande.

     - ¿Pero qué te sucede, mujer? ¿Puedo saberlo?

     - Es que todas las noches sueño con arañas y no puedo dormir.

     - Ah, eso no tiene importancia, se arregla fácilmente. Toma antes de acostarte una pastilla de gamexane disuelta en un vaso de agua y asunto arreglado.

     - ¿Gamexane? Pero esas pastillas son para matar hormigas.

     - ¿Gamexane dije? Discúlpame pero me equivoqué. Quise decir diazepán.

     - Ya las probé y no me dieron ningún resultado.

     - ¿Por qué no pruebas entonces con clonazepán? A mí me dieron resultado.

     - Sin embargo, mi esposo las tomó por consejo de un médico famoso que estudió en Suiza y anda lo más bien. Aplacan los nervios en forma impresionante.

     - Pero conmigo no funcionan. Cada día que pasa sueño con más arañas. Si sigo así no sé qué pasará conmigo.

     - Escucha, Maruca, entonces lo que tienes es miedo nocturno. ¿Por qué no pruebas con rohipnol? Con una pastilla quedas planchada toda la noche hasta el día siguiente.

     - Ya he oído hablar de ese remedio, pero no me animo a tomarlo porque dicen que lo toman los drogadictos para no tener que trabajar. En una de ésas a mí me hacen mal y me voy al otro mundo.

     - Bueno, querida Maruca, lo que tienes entonces es una zoofobia galopante.

     - ¿Y eso qué es? Nunca he escuchado esa palabra.

     - Es un miedo fuerte a los animales que está en la mente y no deja dormir. No te preocupes. Cuando te venga el sueño, piensa que estás soñando nada más y no pueden picarte y te quedarás tranquila. 

     - Pero una araña no es un animal como un tigre o un león. Más bien es un bicho.

     - ¿Y qué, acaso los bichos no son también animales?

     - Sí, son animales de alguna manera, pero son animales que pican y no animales que muerden. De todas maneras, tengo miedo de tomarlas.

     - Ah, entonces lo tuyo es una farmacofobia, o sea  miedo a los remedios. En ese caso, prueba con bromozepán de 10 miligramos, con probar no se pierde nada. Un vecino mío lo toma y duerme como un angelito.

     - ¿Y dónde lo consigo? En las farmacias no te lo venden sin receta médica.

     - Ah, eso no es inconveniente, para eso están los farmacéuticos amigos. Yo podría recomendarte al mío, pero vive un poco lejos.

     - Con más razón todavía. Últimamente me han aparecido dolores en la cadera y me cuesta muchísimo caminar.

     - Eso nos pasa a todos, querida, son enfermedades del almanaque, como yo las llamo. Aparecen con los años, pero con aspirina, vitamina B y calcio se van. Pero que sea "forte", no aspirina de la común que se usa con los niños. Si el dolor no cede, te queda un polivitamínico plus: tiene todas las vitaminas y demás minerales que necesita el cuerpo a nuestra edad. Pero por ahora empieza con la común.

     - Déjame pensarlo un poco y después veré.

     - Como quieras, querida, pero no olvides que se empieza por una neurosis y se termina con una psicosis.

     - ¿Y esas cosas qué son?

     - Es un poco largo para explicarlo por teléfono. A mí me llevó un año aprenderlo. Te lo digo con una frase común: "El psicótico dice que dos más dos son cinco, mientras que el neurótico dice que son cuatro pero le molesta que sea así." O sea que el psicótico está loco, y el neurótico no. Pero, no tengas miedo, querida Maruca,  porque ninguna de esas cosas te suceden cuando estás despierta sino cuando duermes.

     - Yo había pensado en consultar mi caso con un curandero medio brujo que hay aquí. ¿Qué te parece?

     - No te lo recomiendo, querida; los brujos se utilizan cuando hay que maldecir a alguien. Más bien cómprate el folletito Freud para todos en una hora y allí encontrarás los consejos que necesitas. Está en todos los quioscos de diarios o golosinas.

     - Te agradezco tus palabras, querida Chiche. Ahora me siento más tranquila. Menos mal que se te ocurrió llamarme por teléfono. Hasta pronto. Si llego a necesitar algo, te llamaré. Un abrazo, querida, me voy rápido a la cocina porque dejé las rodajas de pan tostándose al fuego. Chau.  

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